acecha un cuerpo tieso, leproso por el miedo,
que yace desnudo del cálido manto del sueño.
déjame cantar, no me sofoques...
deja las puertas abiertas...
¡vete a tus tinieblas, arpía mañosa!
que mi mente bosteza la calma
de olvidarse de sí misma...
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