Las ideas enmohecidas
por pensamientos que son musgos y algas viscosas
en las rocas.
El chapoteo de una ola... la ansiedad y la infección eléctricas.
La incandescencia de una mirada inquisitiva,
odiosa... iracunda,
abrasiva... infecunda.
Las sustancias volátiles, los momentos... sustancialmente volátiles.
Las marejada cerebral,
las voces que avisan de la tormenta...
los infelices bocetos de un sueño hecho tiras, arrojados por el váter.
martes, 20 de diciembre de 2011
Las voces del antro
Caminando sin tregua, buscando un concepto para estos días,
me adentré en un suburbio.
Eché un ligero vistazo al interior de un antro
y vislumbré, entre la penumbra, la silueta de mil voces
todas discordantes y a la vez a al unísono,
embriagadas y secas;
como el clamor de una noche en las ciénagas
del hemisferio humano,
el más humano.
"Celebramos con pan y vino,
la metamorfosis de la decadencia;
la obstinación y la esclavitud del hombre,
en los minutos de las horas y en las horas de los días,
hasta nuestros últimos alientos".
me adentré en un suburbio.
Eché un ligero vistazo al interior de un antro
y vislumbré, entre la penumbra, la silueta de mil voces
todas discordantes y a la vez a al unísono,
embriagadas y secas;
como el clamor de una noche en las ciénagas
del hemisferio humano,
el más humano.
"Celebramos con pan y vino,
la metamorfosis de la decadencia;
la obstinación y la esclavitud del hombre,
en los minutos de las horas y en las horas de los días,
hasta nuestros últimos alientos".
viernes, 9 de diciembre de 2011
21
Nunca vi la sonrisa de los niños desde un punto de vista tan distante.
Me fatigué al sol,
visualicé un amor en el crepúsculo.
Pero nunca había visto la sonrisa de los niños desde un punto de vista tan distante.
domingo, 4 de diciembre de 2011
La bóveda
Abadía de la autodestrucción.
Yo nunca maté moscas enamoradas,
ni cuervos lánguidos de hambre.
Yo me apiñé en la multitud de los héroes griegos
aplastados por el mal hado.
Até con la cuerda de la maldicha razón
mi corazón, a los atrofiados nervios de éste estrecho cuerpo.
Vaticiné las palabras
que enmohecían mis castaños pesares.
Me enamoré de la insatisfecha obsesión.
Estrellas.
Rojiza estrella que enamoro mis ojos,
llévame,
ciega a tu enamorado.
Matame suavemente.
Arrastrame por la superficie las realidades.
Vislumbra mi dolor y mi angustiosa locura.
Y luego, vaticina mi verdad.
Gran bóveda del hibridismo,
arráncame ésta alma malsana.
Yo nunca maté moscas enamoradas,
ni cuervos lánguidos de hambre.
Yo me apiñé en la multitud de los héroes griegos
aplastados por el mal hado.
Até con la cuerda de la maldicha razón
mi corazón, a los atrofiados nervios de éste estrecho cuerpo.
Vaticiné las palabras
que enmohecían mis castaños pesares.
Me enamoré de la insatisfecha obsesión.
Estrellas.
Rojiza estrella que enamoro mis ojos,
llévame,
ciega a tu enamorado.
Matame suavemente.
Arrastrame por la superficie las realidades.
Vislumbra mi dolor y mi angustiosa locura.
Y luego, vaticina mi verdad.
Gran bóveda del hibridismo,
arráncame ésta alma malsana.
Las voces blasfeman la aparente coherencia de la realidad.
Y yo me pregunto noche y día ¿Qué es la realidad?
Pero nunca fui bueno respondiendo preguntas humanas.
Las palabras violan mi materia gris día y noche.
Y yo las escucho... ¡Vaya estruendo de mierda!
No hay asesinos más crueles que las palabras,
matan lentamente o hieren con la fiebre del infierno.
Y yo, tieso, inconexo; ilógico, inverosímil, atrofiado;
me agazapo en las sábanas de la viciosa abulia,
porque perdí.
Me perdí en la lógica del mar,
como una efímera buscando la luz.
Me estacioné en otoño,
en el ocaso de la cordura,
sin participar en la fiesta de las gentes.
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