Vacía la ignorancia de los sentidos,
amigo mío, la cuna de los dioses es el oro.
Cada día, al ponerse el sol en la hora última,
veo los corazones de los hombres ahogándose con la culpa
en un pozo oscuro y profundo, delimitado por sus creencias.
Mi corazón es joven con cada alba,
adolescente al mediodía,
adulto durante la tarde,
maduro en el ocaso,
sensible en la noche, mucho más que un músculo.
Vacía la ignorancia de los sentidos,
amigo mío, somos esclavos de los dioses,
y esclavos de nosotros mismos.
Somos esclavos de los sentidos.
Del odio y el amor.
El placer a la servidumbre...
La cosigna de todos los pueblos, impuesta por todos sus gobiernos.
Nos gobiernan los sentidos,
nos gobiernan los lagartos,
nos gobierna el demonio.
Deja de perder tu tiempo rezando a un Dios que ha muerto.
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