Y yo me pregunto noche y día ¿Qué es la realidad?
Pero nunca fui bueno respondiendo preguntas humanas.
Las palabras violan mi materia gris día y noche.
Y yo las escucho... ¡Vaya estruendo de mierda!
No hay asesinos más crueles que las palabras,
matan lentamente o hieren con la fiebre del infierno.
Y yo, tieso, inconexo; ilógico, inverosímil, atrofiado;
me agazapo en las sábanas de la viciosa abulia,
porque perdí.
Me perdí en la lógica del mar,
como una efímera buscando la luz.
Me estacioné en otoño,
en el ocaso de la cordura,
sin participar en la fiesta de las gentes.
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